Lara se levantó aquella mañana con un gran dolor de cabeza, sólo recordaba pequeñas momentos del día anterior, pero ella pensó que estas eran de un sueño. Pensó que el dolor de cabeza era por la mala noche que había pasado, dando mil vueltas en la cama con pesadillas. Un escalofrío le recorrió el cuerpo pero lo achacó al frio que tenía al destaparse.
EL subir la persiana y ver lo que había, bastó únicamente para recordar todo lo que había pasado los días anteriores. La niebla invadía todo, apenas se podían ver los árboles que tenía a pocos metros y se podía observar las gotitas de agua en la verde hierba y lo peor para ella: el silencio inmortal y ese olor... ¡No lo podía aguantar!
Paralizada, empezaron las lágrimas a brotar de sus ojos y recorrer sus mejillas acabando en el suelo.
